INCORRUPTO.
Capítulo I
En la alcoba
principal, construida en la segunda planta de aquella arquitectura colonial
levantada entre jardines, reposaba Don Lázaro Gámez en una cama doble situada
en el centro de la habitación. Al lado derecho, había una ventana cerrada y cubierta por una cortina
elegante que apenas dejaba entrar la luz necesaria para observar lo poco que
en aquella pieza se notaba. Al frente de la gran entrada se divisaba una mesa
de noche en la que reposaba un texto sagrado abierto en la página 666. Arriba de la mesa de noche, en una segunda ventana, había un ave de plumaje negro que estaba siendo observada por una multitud. Nadie había visto nunca un ave igual en aquel lugar olvidado; sin aviso alguno e inescrupulosamente salió volando y desapareció entre el cielo en tan solo un momento. Este evento sería recordado solo dos décadas después en aquel dormitorio taciturno e incorrupto por el
tiempo.
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