V: mensaje al mundo

Primero permítanme recordar que el resentimiento social nace con la ignorancia de los victimarios y muere con las acciones de las victimas. La expresión «resentido social» no es ofensiva es una realidad humana colectiva y quien no lo acepta niega sus propios traumas o es tan inocente que no conoce el violento y execrable mundo real: es la mismísima maltrecha sociedad la que engendra el mal, y el auténtico arte es el arma para limpiar la indolencia.

La indolencia pudre la humanidad. La corrupción pudre el mundo y augura el último empujón hacia la decadencia de los maltrechos en este caótico mundo, fóbico e hipócrita, atestado de mentes apáticas y «cándidas» inmarcesibles con complejo de inferioridad disfrazado de competitividad. Aveces pareciera que la humanidad sólo merece la extinción; pero el único veredicto real en un mundo así es castigo.

Y les prometo que el descontento y el cansancio que están manifestando ciertas movilizaciones ciudadanas seguirán expandiéndose como una infección hasta que todos los falsos líderes dimitan. Las protestas revelan graves problemas que no hemos logrado superar y que tienen su origen en la corrupción, la inequidad social, el racismo, la discriminación, la inestabilidad laboral y la imposibilidad para acceder dignamente a servicios básicos.

Por supuesto, hay quienes apuestan a la criminalización de la protesta porque es a lo único que en realidad le temen y porque sólo la gente en las calles puede generar pánico en quienes nos malgobiernan. Pero el miedo es usado para someter el pueblo cuando el pueblo no debería temer a sus gobernantes; los gobernantes deberían temer al pueblo porque cuando la tiranía es ley, la revolución es orden.

Sin embargo, si buscan el origen del mal, si buscan al verdadero culpable, sólo necesitan verse al espejo. La corrupción vivirá mientras las malas costumbres del favor paga favor gobiernen el pensamiento colectivo por la cornucopia conspicua de grotesca inmoralidad que azota incansablemente el embriagado y paupérrimo corazón de este mundo masoquista y podrido: la mayor desgracia no es aceptar que una sociedad funcione con atajos, sino creer que usar atajos es una convención social aceptable.

Pero si no han visto nada. Si los crímenes del gobierno le son desconocidos, si los crímenes humanos le son desconocidos, entonces les sugiero que permitan que las manifestaciones pasen desapercibidas.



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