Indolente
La democracia no significa nada en un país sin moral. Es la conclusión obvia que una persona como yo puede observar cuando pierde la esperanza en un país tan nefasto e indolente que es capaz de hacer una consulta anticorrupción para luego perderla.
Lo imperdonable no es reconocer que una sociedad funcione con atajos, sino tener la convicción de que usar atajos es una convención social aceptable, un compromiso ético para devolver favores. Y si sumamos la persistente división fronteriza, "racial" y cultural que alimenta el prejuicio y, por lo tanto, la discriminación y el racismo en un país latinoamericano en dónde los hipócritas aún se creen europeos y superiores biológicamente, convenciendo con su falsa moralidad y empatía cristiana, entonces estamos perdidos.

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